En la última semana se armó un lindo revuelo en torno
al cierre de la empresa Apaz Madrid y ello hizo que la
reunión, convocada por la comisión de trabajo y ambiente del Concejo
Deliberante, para tratar la situación de la industria metalmecánica de Tandil,
se adelantara algunos días
Los representantes gremiales de trabajadores y
patrones se cruzaron con vehemencia y en definitiva esto no debería
sorprendernos.
Tanto Carlos
Romano como Omar Farah defienden
a sus representados en esta antagónica situación y cada cual decide como
hacerlo.
Pues bien. Hasta aquí la noticia por todos conocida,
como a mí no me comprende ninguna de las condiciones anteriores, no tengo
compromisos con ninguno de ellos y no represento a nadie, me permito acercar
una mirada entrometida que nadie me ha solicitado:
En principio debo decir que si bien cualquier pérdida
de empleo no deja de ser un tema preocupante, el caso particular de esta
empresa, creo, más allá de esa preocupación y de salir a contener la situación,
no me parece que deba convertirse en el centro de la cuestión.
En definitiva se trata de 8 (ocho) puestos de trabajo, que no son más que los que se deben
perder semanalmente en nuestra ciudad.
El “ruido” que produjo el anuncio de estos 8 despidos
los puso en el centro de la escena.
Pero sin ánimo de desmerecer la pronta convocatoria y
atención del tema, quería expresar algunas consideraciones respecto a nuestra
industria metalmecánica.
Una mirada distinta que quizá resulte de utilidad (o
no), a la hora de planificar políticas públicas de largo plazo sin desmedro de
atender las cuestiones coyunturales.
En este punto debo advertir, con las disculpas del
caso, que mis reflexiones serán algo extensas e intentaré hacer entretenida su
lectura para no aburrirlos.
Quizá también encuentren algunas cosas que ya he
publicado por ahí, pero que vienen al caso para que se entienda la intención de
estas palabras.
Tomando como punto de partida el caso Apaz Madrid en
particular y a las fundiciones de Tandil en general, podría decirse que todas,
absolutamente todas, tienen firmado el certificado de defunción.
En primer lugar porque casi todas se dedican a
producir piezas para abastecer el mercado de reposición automotriz. Ninguna de
ellas, ni aun juntándose todas, están en condiciones de producir para abastecer
a las terminales.
No están en condiciones por su tecnología, por su
capacidad operativa y fundamentalmente porque, si aun así tuviesen la
oportunidad de producir para las grandes terminales, no podrían cumplir con la
demanda.
No existe la más mínima posibilidad de ingresar en ese
mercado, que por otra parte está fuertemente subsidiado y con reglas de juego
que benefician a Brasil y Mexico por sobre nuestra industria nacional.
La mayor parte de la producción local, reitero,
dedicada al mercado de repuestos, apunta a tapas de cilindro y bombas de agua
para motorizaciones del siglo pasado (Renault
12/Peugeot 504).
Los motores modernos no requieren ese tipo de
repuestos, ya que con las nuevas tecnologías son capaces de durar 500 mil
kilómetros y es muy probable que se destruya la carrocería y las suspensiones
antes que la tapa de cilindros.
Seguramente en la reunión realizada el miércoles
pasado se habrán escuchado distintas campanas. Por lo que yo pude escuchar, la voz
más coherente me pareció la de Carlos
Martínez y creo que merece que le prestemos un poco de atención. (Ver nota en Nueva Era).
Coincido plenamente con Carlos en que el problema es
mucho más amplio y responde a una coyuntura nacional, pero también convengamos
que a nuestra dirigencia, sea ésta empresarial o política, le ha faltado
cintura para prevenir y se ha limitado sólo a poner paños fríos…
Y en este sentido permítaseme un relato casi
anecdótico:
Me acuerdo cuando Ronicevi
hacía agua y todos se alarmaban.
También me acuerdo que en ese momento teníamos algunas
discusiones y algunos planteábamos que la caída de Ronicevi era lógica.
Los tipos se empecinaban en seguir haciendo tapas de
cilindros de fundición, que sin duda eran muy buenas, cuando todo el mercado
automotriz del mundo ponía en la calle autos con tapas de aluminio. Es más, el
block también empezaba a hacerse de aluminio.
En este contexto tampoco se entendía muy bien por qué Metan empezaba a dejar de fundir
aluminio cuando todo el mercado iba en esa dirección.
La industria
metalmecánica de Tandil supo ser muy fuerte y no sólo en materia de fundición como
cree la mayoría de la gente.
Para los que tenemos algunos años encima, que pudimos ver “otro Tandil”, se nos hace difícil
entender el giro que ha dado nuestra ciudad en los últimos tiempos.
Aquella ciudad no tan lejana, que se caracterizaba por su actividad
agrícola/ganadera y un poco de movimiento turístico en Semana Santa, tenía
también un importante y marcado desenvolvimiento industrial.
La industria láctea, de la mano de “La Tandilera” de la famila Magnasco, “El
Amanecer” y “Cruz del Sur” por ejemplo. “La Linoplatense”,
fabricando aceites y “Carrasco Hnos” en apicultura…
Pero, aunque me resisto un poco, a mi también me atrapó el tema
que se instaló en los últimos días en los medios locales y en esta oportunidad
quería referirme específicamente a la actividad de la industria metalúrgica y
metalmecánica.
La historia es conocida si mencionamos “Bima” o “Barifi
Hnos”.
De allí surgieron casi todas las que vinieron después. “Metalúrgica
Tandil”, “Metan”, “Esmeta”, “Tandilfer”, “Tandilmat”,
“Carletti
& Adamoli”, “Ronicevi”, “Berroeta”, “La
Cuca”, “Fundición Gayo Hnos.”, “Fameco”, “La Estrella”, “Albatros”,
“Amici”,
“Fundición
Sud”, “Porro y Miguel” y algunas otras.
Pero junto a ellas se fueron desarrollando otras empresas, que las
abastecían y prestaban servicios para su funcionamiento.
Algunas tomaron vuelo propio y fueron incursionando en otros
rubros.
Por allí transitaban “Talleres El Brazo”, “El
Yunque”, “Maggiori Hnos”, “Carrocerías Rodríguez”, “Barberón”,
“Pingitore
y Granate”, “Talleres Norte”, “Simbra”, “Monsalve”, “Termometal”,
“Carboquímica”
y las nacientes “Talleres Tandil”, “Tahersa”, “Tahuilco”, “Fundalum”
y “El Centinela”.
Aparecían también “La Industrial”, “Beta
Ingeniería”, “Galtech”, “Uranga Hnos”, “Verellén”
y también “Inpopar”… Dedicadas a la construcción de galpones y tinglados.
(Sí, Inpopar nació fabricando tinglados).
“Molinos El Lucero”,
“Saraca
y Ghezan”…
Y una gran cantidad de pequeños talleres de mecanizado, entre los
que puedo recordar a “Tornería Thez”, “Talleres
Ballini”, “Tornería Guanella”, “Hugo Soria” y quizá unos 30
talleres más, explotados en forma familiar.
También crecían otras, dedicadas a brindar otro tipo de servicios,
como las reparaciones, bobinado de motores, hidráulica y neumática,
transporte y logística, venta de materiales e insumos, etc.
Por supuesto merece un destacado lugar la industria minera de Tandil, por todos conocida. Las fábricas
de cuchillos como “Atahualpa”, “Ju-Ca”, “La Movediza” y la
creación de “Loimar”, fundada por don Juan Loitegui.
Alrededor de 150 empresas metalúrgicas y afines ocupaban casi
8.000 empleos directos y 800 indirectos. Más de 20 empresas mineras
empleaban unas 700 personas y la actividad industrial era entonces un verdadero
motor de la economía local.
No es que me ponga nostálgico…
Hoy la actividad vinculada al turismo, la gastronomía y los
servicios ha ganado terreno; las relacionadas con al campo ocupan menos
personal y la generación de empleos industriales no muestra síntomas de
crecimiento.
Es entonces quizá allí donde debemos poner la mirada para
compatibilizar estas dos realidades… La
que fue y la de ahora.
Para poder ir gestando un nuevo paradigma, una nueva realidad,
la de mañana, que nos devuelva
aquel Tandil más industrial, sin atentar con este presente que genera ingresos sin creación de riqueza.
Porque, para poder pensar
futuro, es necesario saber de dónde venimos.
Todas aquellas empresas que mencionaba están en la memoria de mi
generación.
Algunas aun presentes y peleando los avatares de un contexto
macroeconómico que no se puede resolver desde nuestro pequeño lugar serrano.
Y he dejado deliberadamente afuera de aquella nostálgica mirada a
un grupo de empresas que, cuando se habla de la industria tandilense, parecen
quedar relegadas a una categoría menor, casi al anonimato.
Tal vez por no haber tenido la trascendencia de las fundiciones o
quizá por que los frutos de su trabajo no tenían una visualización local en
cuanto a sus productos.
Es difícil encasillarlas en un rubro específico.
Pero seguramente, quienes han pasado los 50, o aquellos que han
tenido buen diálogo con sus mayores, puedan entender de que se trata.
Me voy a referir específicamente a “Técnica Ghersetti”, “Cava y Guindo”, “Santander” y “Talleres
Metalúrgicos Concetti”; con lo que seguramente me olvidaré de alguna
otra…
Estas empresas contribuyeron, y mucho, al desarrollo de otras.
Desde ellas se brindó un importante aporte a la infraestructura y
crecimiento de casi todas las demás industrias tandilenses y a una gran
cantidad de empresas radicadas en distintos puntos del país.
Allí se gestaron y construyeron bienes de capital,
maquinaria y equipamiento para las más diversas actividades.
Desde la planificación en los viejos tableros de dibujo hasta la
puesta en marcha, pasando por la construcción y montaje, estas empresas
fabricaron estructuras metálicas, cintas transportadoras, puentes grúa,
máquinas de moldeo, zorras y sistemas de transporte; aspiraciones y tuberías;
plataformas, escaleras, molinos, trituradoras, zarandas, elevadores,
mezcladores, tolvas y silos; intercambiadores de calor, calderas, apiladores,
separadores mecánicos, embolsadotas, prensas, dispositivos especiales,
contenedores, cabinas de pintura, hornos rotativos, hornos basculantes y hornos
túnel...
Y un sinfín de elementos, maquinaria y equipamiento industrial
difícil de describir en estas líneas.
Tanto “Técnica Ghersetti” como “Cava y Guindo” y “Santander”
se destacaron por su participación en diversas obras y construcciones
industriales para casi todas las fundiciones del país.
Atendían por supuesto a las fundiciones de Tandil y sin temor a
equivocarme puedo decir que la mayoría de los hornos cubilote que se encuentran
diseminados por nuestra ciudad, fueron construidos por alguna de estas
empresas.
Pero sus trabajos no se limitaron a abastecer a la industria
local. Fueron proveedores de grandes empresas como “Cormasa.” del grupo
CORNI y de importantes equipamientos para “Ford Motor Argentina” o para la Planta Ferreyra de “Fiat
Argentina”, entre otras tantas.
En términos generales puede decirse que estas empresas generaban
ingresos para Tandil “exportando” a otras ciudades el fruto del trabajo y el conocimiento de
los tandilenses.
Pero sin duda alguna, la más “exportadora” de todas fue “Talleres
Metalúrgicos Concetti” (TMC),
empresa a que me toca de cerca y a la que dediqué gran parte de mi vida.
Puede decirse que TMC
ha sido la última en este rubro tan abarcativo como lo es la “Calderería”. (Término poco conocido que
proviene de la industria española vinculada a los astilleros y que se fue
adecuando a los nuevos procesos constructivos de mediados del siglo pasado).
De manera imperceptible, Cava y Guindo, Santander,
Técnica Ghersetti y Talleres Metalúrgicos Concetti (TMC) generaban recursos
“exportando trabajo y conocimientos”.
Allí se podían aprender distintas destrezas y habilidades de
una actividad que hoy no tiene herederos.
Estas empresas, que no tenían “un
producto” que las identifique en el mercado, fueron desde mediados del
Siglo pasado verdaderas escuelas de formación para unas cuantas generaciones.
Y es precisamente por esa época que nace “TMC”, fundada por Don Nicolás
Concetti, en principio como proveedora de “Bima” y luego
desarrolándose en la actividad agroindustrial.
El verdadero crecimiento
de la empresa se manifiesta cuando obtiene un contrato para la construcción y
montaje de cintas transportadoras y tuberías para “Cerámica San Lorenzo” y
simultáneamente el primer horno, las zorras y todas las tuberías para “Loimar”.
Estos trabajos le
permitieron vincularse con Diáz O’Kelly que por entonces encaraba
la Planta Olavarría de “Cerámica Cerro Negro” y, con la planificación de la francesa “Ceric” se construyó en
Tandil todo el equipamiento “llave en mano” de los sistemas de transporte, molinos,
humectadotas y atomizadores de la planta de pisos de “CCN”.
Juntamente con estos
desafíos, TMC se convierte en proveedor de “Loma Negra”,
fabricándose distintos elementos para sus plantas de Barker, Olavarría,
Zapala y Catamarca, atendiendo también las necesidades de
“Metalúrgica Tandil”, “Loimar” y casi
todas las canteras de Tandil.
El prestigio ganado en
estos mercados llevaron a “TMC” a proveer equipamiento y montajes, ya con gran parte de ingeniería
propia, a
“Cerámica Alberdi”, “Cerámica
Zanón”, “Cerámica Lourdes”, “Calera Avellaneda” y “Cemento San Martín”.
Se trabajó también para
empresas como “Techint”
y “Sade”, para el “Grupo
Soldatti”, a través de su empresa “Mc Kee del Plata”,
fabricándose 800 toneladas de estructura pesada para la
“Destilería Isaura” de Puerto Galván en Bahía Blanca,
a un ritmo de 80 Tn mensuales procesadas.
Se construyeron, en Tandil y con gente de Tandil, estructuras portuarias
con planificación de la española“Taim” para los puertos de Bahía
Blanca, Quequén y Necochea.
Con la ingeniería de
“Handling” se construyeron mecanizaciones para transporte de cereales
para “Puerto San Martín”
y “Aceitera Santa Clara” en
Santa Fé, “Terminal fertilizantes”,
en Necochea y “Terminal 5” de Ingeniero White.
Se fabricaron en Tandil, con gente de Tandil,
3 km de cintas transportadoras para las minas de Río Turbio de “YCF” (Yacimientos
Carboníferos Fiscales), con todas sus estructuras
portantes, castilletes, galerías e instalaciones de servicio.
Bajo supervisión de
“FLSmith” se construyó en Tandil y con gente de Tandil todo el sistema de separación y recuperación de
polvos de la planta “Plasticor” de
Sierras Bayas.
Y con ingeniería propia se realizó la fabricación, montaje y
puesta en marcha de todo el
equipamiento de origen nacional instalado en la
planta Balcarce de “Mc. Kain Argentina”.
Y tantas otras obras similares…
Esta reseña de trabajos, (en
la que no he podido despojar emociones personales por haber participado en
todos y cada uno de ellos), es en definitiva el punto que quiero marcar
para “volver al futuro” desde ese
pasado no tan lejano.
Es necesario recuperar ese espíritu y orgullo
de poder “exportar trabajo y conocimiento” a partir de políticas activas
que vuelvan a incentivar aquel “trabajo escuela” a que me
refería al principio…
8 despidos y unas pocas voces pusieron el tema sobre la mesa. Pero
si no miramos con atención esos 8 despidos serán una cifra insignificante.
Son una cifra insignificante si la comparamos, por ejemplo, con
los 64 empleados y 38 contratistas que nos quedamos sin trabajo cuando cerró Talleres Metalúrgicos Concetti.
O con los casi 800 operarios que trabajaban en Ronicevi, los 250
que trabajaban en Buxton, los 28 de La Cuca, y tantos otros como los sufrieron
la reducción de personal de Metalúrgica Tandil, Tandilmat, Tahuilco, o de
empresas que desaparecieron como Esmeta, Tandilfer, Pavan, Beta, La industrial,
Santander, Metan, Uranga, Fundición Sud, Condor, etc, etc...
Nuestro Tandil ha cambiado. Ha cambiado y mucho.
De aquel viejo slogan de los ’60 “Tandil ciudad de turismo”, a esta realidad, que ahora sí nos ha convertido
en una ciudad turística, han transcurrido, además de medio Siglo, un montón de
situaciones que de algún modo dejaron huellas.
No fue caprichosa la reseña efectuada. No tenía por objeto aplicar
un golpe bajo a la nostalgia.
Todo lo contrario.
Pretendía marcar un punto de partida para darle una mirada a este
Tandil de hoy y tener una referencia para imaginar nuestro mañana.
Por aquella época, en aquel Tandil industrial, había una farmacia
sindical. La primer farmacia sindical de Tandil, fundada por la UOM y que
durante mucho tiempo fue la única de esas características en nuestra ciudad.
Hoy, en este Tandil de hoy, aquella farmacia de los metalúrgicos
ya no está. Pero hay otras…
Para ser precisos, hay dos farmacias sindicales, la del Sindicato
de Trabajadores Municipales y la de los Trabajadores no docentes de la
Universidad.
Y también tres “cuasi sindicales”, manejada por la Mutual de
Trabajadores Municipales.
Las cinco corresponden a trabajadores y empleados públicos.
A eso me refería cuando decía que Tandil ha cambiado y mucho.
Ya no es una “ciudad industrial” y, aunque el turismo se ha
fortalecido mucho, no es la actividad turística un generador de empleos
importante.
Si seguimos dando una mirada a esta realidad actual de nuestro
Tandil, encontraremos que la principal fuente de empleos proviene del estado.
En sus tres niveles.
Entre los empleados por el Estado Nacional podemos contar a las
Fuerzas Armadas y la Policía Federal; ANSES, PAMI, Ministerio de Trabajo,
Secretaría de Desarrollo Social, el Banco Nación, algún otro organismo que no
recuerdo y la Universidad Nacional del Centro que, si bien tiene autonomía
funcional, depende del presupuesto nacional.
En el ámbito provincial tenemos una gran cantidad de docentes y no
docentes ocupados por el sistema educativo, la Policía Bonaerense con sus
distintas dependencias, el Poder Judicial, los Registros Automotores y las
oficinas del Registro de Personas. El Ministerio de Trabajo, la Dirección de
Hidráulica, el Banco Provincia, el IOMA, el Dispensario de Vías Respiratorias
(que ya no se llama así) y la Oficina de Rentas.
En el terreno municipal los niveles de ocupación no son menores.
Además de la planta permanente del municipio debemos contar los
organismos descentralizados como Obras Sanitarias y los Hospitales, Vialidad
Rural y, por qué no también, “media” Usina Popular y Municipal.
En definitiva, en forma directa o indirecta, más de la mitad de
Tandil “vive” del presupuesto estatal.
Esa es una realidad incontrastable que debemos revertir.
Es tiempo de comenzar a buscar alternativas para generar otro tipo
de empleos para nuestra ciudad.
Generar alternativas que no nos tengan “atados” a la economía del
estado.
Debemos generar un polo de desarrollo económico propio, que tenga la
sustentabilidad y sostenibilidad suficientes como para que los vaivenes a que
nos tienen acostumbrados nuestros gobernantes no nos sorprendan con la guardia
baja.
Si empezamos a trabajar ahora, dentro de diez años ya no
vamos a depender de los turistas ni de los presupuestos oficiales…
Tal vez podamos recuperar parte de
aquellas actividades que “exportaban trabajo” antes que los viejos como
yo ya no estemos en condiciones de transmitir conocimientos, como lo hicieron
con mi generación: Ghersetti, Cava, Guindo, Schneider, Capi, Forgue,
Maggiori, Panero y tantos otros..
Bueno. Les avisé que era un poco largo.
Pero si llegaron hasta aquí, desde ya les agradezco la lectura y
me agradaría recibir opiniones. ¿Y por qué no?, también críticas; que en
definitiva son las que enriquecen nuestra propia opinión.
Muchas gracias y un abrazo!
El Negro Guzmán
24/08/13
24/08/13
No tengo el gusto de conocerlo pero leer lo que publica me lleva a escuchar a mi viejo cuando hablaba de estos temas.Coincido tambien en la opinion de Martinez,pero tambien creo que si nos unimos podemos abastecer a terminales hasta con piezas terminadas.Solo falta eso UNION que no es poco pero otras provincias lo logranos y no estan pasando por lo que hoy nos toca.Gracias M EGEA
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